EL DELITO DE QUERER SER DIOR


Siempre he pensado que la moda no es buena para la salud; los tacones te destrozan la espalda, las minifaldas te abocan al doloroso tirón de la cera (o a la electrocución del láser), la dieta de la alcachofa puede hacer que la clavícula sea la curva más prominente de tu cuerpo y si te descuidas, puedes dar con tus huesos en la cárcel, como la señora Shahra Marsh.

Y es que, últimamente parece que no nos conformamos con ser quien nos ha tocado ser y algunos, los suficientemente comprometidos con la causa, lo consiguen.

La verdad es que merito tienen. Porque hacerse pasar por un ricachón, encandilar a Anne Hathaway, conseguir aparecer en los medios (eso es quizás los más sencillo dados los tiempos que corren) y convencer a grandes inversores, como hizo el avispado fiasco Follieri, tiene su aquel. Claro que con ese apellido uno parece ir pidiendo guerra.


Shahra Marsh se hacía pasar por aristócrata utilizando el apellido “de Savigny”, hablaba en perfecto francés e inglés y se engalanaba con sus mejores joyas para acudir a subastas y hacerse con la confianza del personal de Sotheby´s, Christie’s y Giaffery.
Conseguía su propósito pagando con cheques sin fondo y haciendo que las joyas le fuesen entregadas inmediatamente, con el pretexto de tener que lucirlas en alguna gala benéfica.
Pasó diez meses en la cárcel pero parece que no fue motivo de redención y volvió a las andanzas.
La policía la ha detenido recientemente y ha confiscado una colección considerable de “objetos hermosos”. Precisamente eso ha alegado su abogado, que la señora Marsh padecía un irremediable síndrome de coleccionismo de objetos hermosos, que viene a ser algo así como… ¿una ladrona con buen gusto?
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